Crossover: ‘Batman’ de Tom King


En mi esfuerzo por fomentar la lectura y dar visibilidad a la opinión y conocimientos de distintos divulgadores de cómic, inauguro en la web esta nueva sección llamada Crossover en la que colaboraré de manera conjunta con el equipo del portal Red Legacy Comics redactando artículos y críticas sobre determinados temas relacionados con Batman que reflejen nuestro propio punto de vista. En ocasiones diferiremos de opinión y en otras nuestros textos estarán en sincronía y se complementarán el uno al otro.

Para empezar, vamos a volcar nuestras impresiones sobre la recién finalizada etapa de Tom King en la colección principal de Batman. Empezamos.

CRÍTICA DE ADRIÁN P. DEL AMA

Tom King se enfrentaba a cuatro grandes retos a la hora de ponerse a los mandos de la serie de Batman. El primero de ellos era recoger el testigo de la etapa de Scott Snyder y Greg Capullo, que con sus más y sus menos, se despedía con arcos ahora icónicos como El Tribunal de los Búhos o La muerte de la familia; el segundo reto fue amoldarse a la nueva realidad del Universo DC con Renacimiento, aunque aquí jugaba con la ventaja de que Batman no necesitaba ningún reinicio, su legado se mantenía intacto; el tercer problema estaba en el propio personaje: Batman es el pilar fundamental de DC junto a Superman, así que la responsabilidad era mayúscula; y por último, el objetivo que se autoimpuso King: su historia se desarrollaría durante 100 números. Ahora que ya podemos ver con perspectiva este largo trabajo, ¿cuál ha sido el resultado? Pues vamos con mis impresiones.

Un comienzo muy flojo

Como decía al principio, Batman no necesitaba un Renacimiento literal. Los 80 años de historia seguían a sus espaldas, con las contradicciones que eso acarrea (¿Bruce y Selina se conocieron en un barco o en la calle?), así que King no tenía que hacer uso de una enésima historia de orígenes. Por desgracia, apuesta por un primer arco muy genérico, donde Batman asume con demasiada facilidad la llegada a la ciudad de dos nuevos superhéroes, Gotham y Gotham Girl. Su interacción con estos personajes deja entrever a un Batman sobrehumano, tanto física como intelectualmente, fuera de toda coherencia. Este no es el King que nos esperábamos tras La Visión, hay mucho margen de mejora, pero por suerte esa mejora tiene lugar.

Gotham y Gotham Girl, los nuevos superhéroes de la ciudad.

Los mejores dibujantes al servicio de la historia

Un comienzo flojo, sí, pero qué maravilla de dibujo. David Finch nos anticipa en Yo soy Gotham el gran nivel que va a destilarse en la etapa de King. Su dibujo es perfecto, oscuro con Batman y luminoso con los recién llegados, y King sabe darle momentos de espectáculo (como la secuencia del avión) para lucirse todo lo que quiera. Pero esto es solo el anticipo, porque es Mikel Janín quien coge las riendas del arte durante la mayor parte de la etapa de King, un arduo trabajo que se ha mantenido a un gran nivel, sin altibajos, reflejando a la perfección todos los detalles y matices de los personajes en una historia repleta de emociones. Entiendo que su estilo realista puede chocar en mucha gente, empezando por mí, pero no puedo negar lo evidente, y es que historia y dibujo han ido de la mano en perfecta sincronía. Otros nombres que han trabajado en ciertos arcos son Mitch Gerads, Clay Mann, Lee Weeks, Jorge Fornés o Jason Fabok. Con su sola mención ya está todo dicho.

Guerra de bandas en el arco The War of Jokes and Riddles.

¿Batman puede llegar a ser feliz?

Cuando los padres de Bruce mueren ante sus ojos, su alma también se muere. El manto de Batman es la herramienta con la que lleva a cabo su venganza contra el crimen, una motivación oscura y triste que parece llegar a su inevitable fin al comienzo de Yo soy Gotham.

«¿Alfred? ¿Habrían… ellos… mi madre y mi padre… habrían estado orgullosos? ¿Es una buena muerte?»
Batman

Y en Yo soy suicida nos encontramos un monólogo interior de Batman en el que nos deja claro que la misión en Santa Prisca es casi un suicidio. Siempre ha sabido que ponerse la capa de Batman supondría su muerte, es el fin previsto de toda venganza, un camino que deja destrucción a su paso, incluyendo a la propia persona. Sin embargo, King pone ante sus ojos un faro de esperanza: Catwoman. Su relación siempre ha estado ahí durante años, pero ahora es cuando parece que hay oportunidad de que florezca. Encajan a la perfección, son dos personas rotas por su pasado que pueden encontrar la salvación en el amor, pueden salir de la espiral autodestructiva, pero no es tan fácil dejar atrás los largos años que han ido cimentando sus personalidades. Basar toda una etapa de 100 números en este tira y afloja sentimental es bastante peligroso, y aunque ha salido bastante airoso, King ha caído en algunas sombras en esta búsqueda de la felicidad.

Batman dispuesto a sacrificar su vida heroicamente.

Traumas, traumas y más traumas

No sé si Tom King salió bastante tocado en sus años como agente de la CIA, pero lo que está claro es que le encanta un buen trauma. No hay duda de que Batman es el caldo de cultivo perfecto para escarbar en la psicología de un ser humano, en este caso trastornado por su violenta infancia y su violenta madurez. Mister Milagro o Héroes en crisis son dos ejemplos de esa fijación por la mente de los personajes, donde volvemos una y otra vez a los sucesos que han trastocado sus vidas. Esto es algo muy interesante (no podemos hablar de novedoso) en pequeñas dosis, pero con más de 80 números se convierte en algo extenuante. Sí, es una longitud ideal para hacer una deconstrucción al detalle, pero a costa del ritmo de la narración. 

Entro en territorio personal cuando digo que a veces me daba la sensación de que la cosa no avanzaba, que se daba vueltas a lo mismo una y otra vez, que Bruce y Selina siempre estaban a un paso de alcanzar esa felicidad, pero al final dábamos dos pasos atrás. Esa lentitud se veía agravada leyendo un número cada dos semanas, porque creo que esta es una etapa que gana muchísimo si se lee de un tirón, lo que permite ver en conjunto la visión del autor, las pistas que ha ido dejando hasta ver quién es el que movía los hilos. Por suerte, tenemos algunos respiros en esta intensidad emocional con flashbacks y arcos autoconclusivos. De esto último tengo que mencionar Cold Days, un maravilloso homenaje a Doce hombres sin piedad, con un Lee Weeks de infarto, y The Gift, donde jugamos con Booster Gold a las realidades alternativas, rebajando la tensión y dando al lector unos instantes de respiro. Y ahora llegamos a la boda. Ay la boda…

Portada de Batman #66 (mayo, 2019.

La boda

Todo este ir y venir de traumas y amores imposibles parecía que iba a llegar a su fin con la boda de Bruce y Selina, un acontecimiento editorial de la que se hacían eco hasta los periódicos. Tie-ins, one-shots, menciones en otras series, todo estaba listo para el gran día, y cuando llega, todo sale mal. Batman no puede ser feliz, volvemos a la casilla de salida, la evolución del personaje no tiene lugar. La explicación que nos da Selina es que un Bruce feliz y acomodado no podría ser un Batman eficaz. En su momento, esto me pareció una broma de mal gusto, tanta anticipación se iba a la basura, había que dejarse de tanto romanticismo. A corto plazo fue un mazazo, pero como decía antes, con la perspectiva global las cosas cambian, aunque eso no quita que fue un evento muy mal llevado (quizás por las expectativas que se crearon).

Portada de Batman #50 (septiembre, 2018)

Una despedida antes de tiempo y con golpe de efecto

¿Por qué DC Comics no permitió a King llegar a los 100 números previstos? Las ventas acompañaban y la crítica, más allá de la polémica boda, también se ha portado bien con su trabajo, así que al final nos encontramos con una despedida antes de tiempo. Esto supone que la historia que tantas entregas ha necesitado para construirse llega al final de forma atropellada, con un final feliz para Bruce y Selina resuelto en una prometida miniserie que aún está por llegar. Esto no quiere decir que no haya atado todos los cabos, pero la sensación es que esa miniserie era un epílogo que necesitaba contarse en la serie principal.

Totalmente innecesario es el golpe de efecto con la muerte de Alfred Pennyworth. Inesperado, como muchas cosas que pasan en la vida, pero tiene lugar en el momento equivocado. Es un “aquí dejo esto, buena noches y buena suerte”. No hay trucos ni resurrecciones, Alfred ha muerto, un pilar del mito de Batman ha desaparecido. Ya sabemos que nadie muere para siempre en los cómics, pero aún así me pareció fuera de lugar, una forma de dejar huella que no era necesaria después de una etapa muy notable. 

La muerte de Alfred dará comienzo a una nueva crisis en la batfamilia. 

Tom King es un buen guionista, conoce a los personajes y quiere sacarles todo el jugo posible, pero también se gusta a sí mismo. Creo que en pequeñas dosis, en formatos estilo Mister Milagro, se contiene y esos largos monólogos tan literarios y profundos pueden digerirse mejor, pero con Batman se ha pasado de rosca en más de una ocasión. Y vuelvo a decir lo mismo, no se puede hacer otra cosa que reconocer que es consecuente con lo que quiere contar, va construyendo su historia sobre unos buenos pilares, a pesar de ese flojo comienzo, el chasco de la boda y la indigna muerte de Alfred. La etapa de Tom King al frente de Batman se va a convertir en un imprescindible a la hora de conocer al personaje, aunque al final quede un regusto de que nada cambia

Lo mejor: Unos dibujantes de infarto, con Mikel Janín dándolo todo entrega tras entrega, y un vistazo a la mente de Batman como nunca antes habíamos tenido la oportunidad.

Lo peor: La extensión de la etapa, si bien ha permitido profundizar en los personajes y que tenga una evolución bien construida, ha producido reiteraciones y bajadas de ritmo, con un final abrupto y un golpe de efecto muy innecesario.

Adrián P. Del Ama

Redactor de Red Legacy Comics.




CRÍTICA DE ÓLIVER MAYORGA

Tom King ya nos lanzó un aviso. Nada menos que en la primera viñeta del primer número de su etapa nos invitaba entonces a abrocharnos los cinturones. De este modo, nos poníamos en el lugar y asiento de aquel niño que, a través de la ventanilla del avión, avistaba una Gotham City clamando a su héroe, ¿sería este Batman o el propio Tom King? Es un simple detalle, pero la dinámica que toma el primer número, que agita al lector con un constante movimiento hacia arriba y hacia abajo, resulta ser casi una premonición de lo que supondría el nivel de calidad de los 84 números restantes que componen la carrera en Batman a cargo de este guionista. Es el comienzo de un trayecto repleto de altibajos que nos precipita desde lo más alto haciéndonos caer en picado hasta el suelo para sobreponernos de nuevo justo en el último instante.

Página de Batman #1 (agosto, 2016)

El escritor nos propone algo distinto a lo que jamás hayamos visto en las páginas de Batman. Y eso ya es un verdadero logro. Nos presenta una soap opera de sobremesa donde combina, a veces con acierto y otras no tanto por su exceso, el romance, la traición y el drama en su máximo exponente aderezado con pequeños toques de comedia de situación. Y para ello, Tom se ha sabido rodear de grandes artistas que han ilustrado sus guiones con una espectacularidad y belleza que tardaremos años en volver a ver en las colecciones regulares del Murciélago. Muy probablemente nos encontremos ante uno de los mejores equipos creativos a nivel artístico que hayamos tenido ocasión de gozar. A lo largo de toda la etapa encontraremos unos maravillosos dibujos a cargo de profesionales de la talla de Mikel Janín, David Finch, su alumno Jason Fabok, Jorge Fornés, Clay Mann y el veterano Lee Weeks. Dibujantes con estilos muy distintos entre sí, pero capaces de ofrecer un cariz distinto a cada arco argumental. Me he encargado de dividir en cuatro categorías principales lo que yo creo que fundamenta, grosso modo, el paso del ex agente de la CIA por la cabecera principal del caballero oscuro. A saber: el pasado, el amor, el costumbrismo americano y el enaltecimiento de lo absurdo.

El pasado

Los fantasmas del pasado siempre han atormentado a Bruce Wayne, son el epítome de su larga existencia y lo que dan significado y fuerza a la creación de esa temible criatura de la noche, esa forma de justicia urbana conocida como Batman. Pero el autor también arrastra sus propios fantasmas del pasado. Como ex agente de la CIA, y habiendo trabajado para el gobierno estadounidense durante la guerra de Irak, las consecuencias de la guerra y el terrorismo le dejaron huella. Por eso, no es de extrañar que, en su primer arco argumental, I am Gotham, incorpore elementos vinculados a actos terroristas. Solo hay que observar la escena en la que un comando atenta contra un avión de pasajeros y este, con Batman intentando hacerse con el control, apunta a estrellarse contra dos grandes torres de la ciudad marcando un paralelismo con los atentados del 11-S en el World Trade Center de Nueva York. Este aspecto personal del autor volcado en la historia siempre me ha parecido interesante y pienso que ofrece un valor añadido a la hora de tomarlo como contexto en un análisis de su obra.

Referencia a los atentados del 11-S en el World Trade Center de Nueva York, septiembre de 2001.

Con los siguientes arcos titulados I am Suicide, I am Bane y City of Bane se intenta construir una historia larga y reposada, quizás demasiado reposada, con un pretendido homenaje a la famosa saga Knightfall, aunque con una suerte de final invertido en el que Batman finalmente le rompe la espalda al villano súper musculoso adicto al Venom. También podría decirse que su última saga, City of Bane, guarda algunas similitudes con otro macro evento noventero como No Man’s Land en el sentido en que los villanos se hacen con el poder de la ciudad mientras Batman se encuentra ausente. Esta mirada consciente al pasado resulta un gesto complaciente para con el lector veterano que recuerda con nostalgia aquellas sagas a las que hace referencia.

El amor

Y llegó el amor. Pocos intereses románticos de Batman han cuajado más profundamente en el subconsciente colectivo que Selina Kyle. La felina ladrona es, a nivel popular, el verdadero amor de Batman, más allá de otros muchos escarceos amorosos que haya tenido Bruce Wayne como Julie Madison, Talia al Ghul, Silver St. Cloud y Vesper Fairchild, entre otras. Y no solo en las viñetas sino también en sus adaptaciones cinematográficas en donde hemos visto a grandes actrices como Julie Newmar, Lee Meriwether, Michelle Pfeiffer y Anne Hathaway haciendo gala de sus encantos para atraer la atención de Bruce Wayne y de los espectadores, por supuesto.

No puedo manifestar mayor conformidad con la elección de Tom King para conseguir que Batman siente la cabeza y encarrile su vida por el camino de la felicidad. Se lo merece después de tantos años de tormento. Este es, de hecho, el leit motiv de la serie. ¿Es posible que Bruce Wayne/Batman llegue a ser feliz alguna vez? Tom King pretende hacer que así sea, pero lleva al personaje por una travesía, de nuevo llena de altibajos, que da comienzo en el más remoto pasado (volvemos al punto anterior) donde la pareja intenta ponerse de acuerdo en cómo se conocieron la primera vez, si en un barco como en Batman #1 (primavera, 1940) o en la calle como en Batman: Year One (Batman #404, febrero, 1987). El romance conduce hacia una decepcionante no-boda (Batman #50, septiembre, 2018) que sumerge al cruzado de la capa en un abismo de pesadillas del que le costará mucho salir, a nuestro pesar. Esta última parte del camino es el punto más bajo de la curva en la etapa de King, rozando el tedio y la incomprensión en muchos de sus números. Y llegados a este punto, parece que la misión de Tom no ha dado sus frutos. Al menos, de momento. Aún queda mucho que decir sobre la relación #BatCat en su próxima maxiserie Batman/Catwoman.

¿Se conocieron en un barco o en la calle? Páginas de Batman #78-79 (noviembre, 2019).

El costumbrismo americano 

El costumbrismo es otra de las particularidades de esta etapa, y podríamos decir que se configura, además, como parte del estilo narrativo habitual de su autor. Un estilo que ya ha utilizado en otras obras como la premiada miniserie Mr. Miracle o Vision para Marvel. El máximo exponente de este recurso lo llegamos a ver en el divertido y muy original arco titulado SuperFriends, publicado en las páginas de Batman #36-37 (febrero, 2018), en el que Bruce, Selina, Lois y Clark quedan en pareja como buenos súper amigos para conocerse mejor y fortalecer su relación. En un principio, nos resultaba inconcebible la idea de ver a los dos mayores superhéroes de DC acudiendo a una feria a divertirse con sus respectivas parejas, ¿verdad? Pues Tom King lo hizo posible y consiguió firmar uno de sus mejores guiones en el que predomina el desarrollo emocional de los personajes, alejándolos de situaciones artificiosas y ahorrándose secuencias de acción vacías.

¿Y qué hay más típicamente americano que una cita en una feria? Pues un burger. Y King también nos deja pasmados con divertidas escenas de la batfamilia acudiendo a un restaurante familiar. Este cúmulo de situaciones cotidianas para nosotros, pero completamente fuera de órbita para el mundo de los superhéroes, nos transmiten un enfoque cómico y absurdo que desdibuja el ideal que tenemos asociado a estos personajes pero que, por el contrario, les dota de humanidad.

Bienvenido al Batburger, ¿quiere Jokerizar las patatas fritas?


Lo absurdo

Me gustaría finalizar este pequeño repaso poniendo sobre la mesa otra de las características comunes que se pueden observar en la obra de King y en su etapa en Batman en particular. Consiste en el uso del absurdo como forma de aliviar la tensión dramática por medio de un personaje cómico, generalmente patético y, en la mayoría de casos, olvidado o poco conocido por los lectores. En este perfil encajan como un guante Kite Man y Booster Gold, quienes serán los estandartes de esta troupe de perdedores a los que el escritor brindará una nueva oportunidad para brillar.

No son personajes exentos de trasfondo dramático, pero debido a su condición nunca serán tomados en serio y serán los parias de la historia. En cambio, tienen el poder que otros no. El lector consigue empatizar con ellos dando lugar a una posible identificación. Para muchos, Kite Man es el verdadero héroe de la historia.

¿El Hombre Cometa? Diablos, sí.

En conclusión, las aportaciones de Tom King a la mitología de Batman han sido, sobre todo, más bien estilísticas en su forma de narrar, aunque también ha dejado en herencia algunos aspectos de suma importancia con los que tendrá que lidiar el siguiente equipo creativo. Tenemos un Batman que quiere dejar de serlo (y conseguir así su ansiada felicidad), un Alfred muerto y una batfamilia cada vez más desunida. Casi nada.

Lo mejor: Ha logrado aportar una voz distinta y reconocible a los cómics de Batman. Eso es una empresa ardua que King ha llevado a cabo de forma sobresaliente.

Lo peor: En ocasiones estira demasiado el chicle y acaba rompiéndose desesperando al lector con alargadas tramas secundarias. En otras, su humor absurdo no funciona del todo bien y resulta repetitivo y sempiterno.  


Comentarios

Entradas populares de este blog

Tres Jokers: el criminal, el payaso y el comediante

Stephen King: Por qué preferí a Batman

Creciendo en los noventa: Los juguetes de ‘Batman Forever’

Teen Titans: Beast Boy ama a Raven

Nostalgia de plástico: Las figuras de ‘Batman: The Animated Series’