“The Library Of Souls” (‘Detective Comics’ vol.1 #643)


A menudo se dice que la galería de villanos de Batman es de las más ricas que se pueden encontrar en los cómics de superhéroes. Y no seré yo quien ponga en duda esa afirmación, de eso ni hablar. Lo cierto es que se podrían llenar estantes enteros con volúmenes dedicados a hablar de todos y cada uno de los peculiares villanos a los que se ha enfrentado el héroe de Gotham, tanto en los cómics como fuera de ellos. Existe tal variedad que se podrían agrupar por multitud de categorías. Si hiciésemos una clasificación ordenada, como se hace en los registros de una biblioteca, se podría dedicar una sección completa a los personajes más locos y temibles que se hayan conocido jamás, verdaderos psicópatas como El Espantapájaros y Dos-Caras. Al fondo, en una habitación privada para los más morbosos, encontraríamos material sobre los asesinos más sádicos y violentos como El Joker o Víctor Zsasz. Habría también un rincón para los maleantes de poca monta o los jefes del crimen organizado. Y no podríamos olvidar hacer un archivo con los más extraños monstruos deformes como Clayface o Killer Croc. Pero entre toda esta fauna criminal, existe una clase distinta aunque no por ello menos peligrosa. En apariencia, el criminal que se ajusta a esta categoría no resulta demasiado sospechoso, puede ser uno de tus vecinos o alguno de tus compañeros de trabajo. Pero en su interior se ocultan oscuros pensamientos y traumas que han influido en el devenir de su conducta psicopática. Estas personas son, en cierto modo, víctimas que viven esclavos de sus perversas obsesiones.

El equipo formado por Peter Milligan Jim Aparo nos plantea un thriller clásico que nos da la oportunidad de disfrutar con un Batman dispuesto a sacar a relucir sus mejores habilidades deductivas. Con la ayuda de una audaz bibliotecaria, el guardián de Gotham se prepara para atrapar a Stanislaus Johns, el bibliófilo criminal que está despertando el terror en Gotham.

¡AVISO! SE REVELARÁN DETALLES IMPORTANTES DE LA TRAMA
Disfruta de este análisis del cómic una vez lo hayas leído y coméntame tus impresiones.

Un rastro de cadáveres

Hay una especie de regla no escrita que dictamina que toda trama de investigación criminal que se precie ha de comenzar con el descubrimiento de un cadáver. Bien, pues siguiendo esa norma, en "Biblioteca de almas", la historia que nos ocupa, huele a muerto desde la primera página. Alguien está dedicándose a exhumar las tumbas del cementerio de Gotham para después depositar los cadáveres en distintos puntos de la ciudad, en el interior de las casas, en escuelas y hasta en los parques. Si los sucesos ya son siniestros per se, la situación se torna todavía más inquietante cuando los cuerpos comienzan a aparecer vestidos con chaquetas de cuero, todas ellas con una numeración identificativa cosida en las mangas. Y será aún peor cuando el modus operandi del perpetrador de estas macabras acciones quede al descubierto y se vea obligado a recurrir al asesinato para conseguir más cadáveres que depositar.

Como en las clásicas historias de terror, el susto llega tras escuchar un sonido extraño, deambular por un oscuro pasillo y girar lentamente el pomo de una puerta.

Peter Milligan
construye una historia puramente arraigada a la esencia más detectivesca y criminalística de Batman pero, al mismo tiempo, resulta atípica. Tal y como acostumbraban a hacer el guionista Alan Grant y el artista Norm Breyfogle en su etapa con Batman, Milligan se decanta por crear un nuevo criminal completamente desconocido para los lectores, sin necesidad de recurrir al clásico supervillano. Y es más, en lugar de incluir personajes secundarios reconocidos como Robin o el comisario Gordon, decide darnos a conocer a un elenco nuevo de personajes, entre los que destaca la bibliotecaria Jenny Holding, la encargada de ayudar a Batman en este espeluznante caso.

El argumento del cómic y el modo de enfocarlo se siente clásico en más de un aspecto. Incluso se atisban referencias sutiles (y no tanto, ya lo descubriréis cuando trate a continuación la personalidad de Stanislaus) a relatos clásicos de novela negra como Psycho de Robert Bloch, una obra de terror famosamente adaptada al cine en 1960 por el maestro del suspense Alfred Hitchcock. Solo tenemos que mirar detenidamente la parte en la que Jenny Holding se aventura ella sola a desenmascarar la verdad sobre la identidad del asesino, descubriendo para su sorpresa el cadáver de la madre de éste, para encontrar una similitud realmente destacable con una de las escenas más aterradoras de la película.

Al igual que el personaje interpretado por Vera Miles en el filme de Hitchcock, la bibliotecaria Jenny será sorprendida por el asesino cuando descubre el cadáver de su madre.

Pero del guion de Peter Milligan se puede sustraer algo más aparte de una trama de investigación criminal muy entretenida. Se distingue además un cierto mensaje crítico que podemos trasladar a los tiempos que vivimos actualmente, en los que los diferentes estratos conformados en nuestra sociedad parecen necesitar ser siempre representados, diferenciados o, como los cadáveres de la historia, etiquetados. Somos precisamente como esos cuerpos que Stanislaus deja repartidos por toda la ciudad. Parecemos almas perdidas buscando un estante en la biblioteca en el que poder sentir que formamos parte de un orden establecido.

En lo referente a la parte gráfica, el dibujante Jim Aparo, con el estilizado trazo que le representa, logra transmitir realismo en las figuras y expresiones de los personajes. Éstos reaccionan a menudo estupefactos ante el descubrimiento de los cadáveres o ante la misma presencia del psicópata Stanislaus y su dibujo es capaz de reflejar el terror y angustia de la situación.

Por el amor de una madre

Uno de los postulados de la teoría freudiana incide en que las experiencias tempranas de la vida de un individuo pueden tener relación con el posterior origen de su psicopatología. Sería el caso de Stanislaus Johns, el bibliotecario protagonista de esta historia. Stanislaus padece un trastorno mental que le hace creer escuchar voces en su cabeza procedentes de los muertos. Éstas le claman que termine con el desorden y caos que supone la mezcla de distintas clases de gente enterrada en un mismo lugar («¡Míranos! Tratas a los libros mejor que a nosotros. Nos abandonas aquí, como sea. Ingenieros junto a cocineros; cocineros junto a ladrones.»). Es una enfatización de la obsesión que adolece Stanislaus que necesita ver orden en todo lo que le rodea. Las voces comenzaron a surgir tras el repentino fallecimiento de su madre con la que convivió toda su vida. Mientras iba leyendo y descubriendo la situación personal de este personaje me era cada vez más fácil trazar un paralelismo entre Stanislaus Johns y Norman Bates, el asesino de la novela Psycho de Robert Bloch. Ambos personajes son hombres solitarios muy unidos emocionalmente hacia sus respectivas madres. Conviven con ellas y no parecen mantener ningún contacto cercano con otras personas. Viven el uno para el otro, necesitándose mutuamente y surgiendo entre ellos una relación edípica. De esta manera, al ocasionarse el fallecimiento de la madre, se produce un derrumbamiento en su psique. El orden y la paz que gobernaba su existencia se desestabiliza y, tanto en el caso de Stanislaus Johns como en el de Norman Bates, sus vidas terminan desviándose por el camino del crimen.

«Todo empezó cuando Madre murió. Tenía 78 años. He vivido con ella toda mi vida. Qué agradable, qué ordenada y qué sistemática era nuestra vida juntos.»
Stanislaus Johns


El repentino fallecimiento de la madre de Stanislaus fue el desencadenante de su locura.

Es interesante observar en el comienzo de la mencionada novela de Robert Bloch cómo el personaje de Norman Bates comparte también el gusto por los libros y por llevar una vida tranquila y ordenada.

«A Norman no le importaba en realidad; llevaba en esa casa los cuarenta años de su vida y había algo que resultaba bastante agradable y reconfortante en el hecho de estar rodeado de cosas familiares. Allí todo estaba y era ordenado; los cambios solo se producían en el exterior.[...] Era mucho más agradable estar allí metido, en el salón, bajo la luz de la lámpara y en compañía de un buen libro.»
Extracto de "Psycho" (Robert Bloch, 1959)

Llegados al final de la historia narrada en el cómic, el propio Stanislaus, aterrorizado ante la presencia de Batman, experimenta una especie de regresión a su infancia, descubriéndose una situación de maltrato físico por parte de su padre. De nuevo surge aquí el conflicto edípico teorizado por Sigmund Freud al verse representada la animadversión de Stanislaus hacia su padre buscando la protección de su amada madre. El padre de Stanislaus queda ausente en la trama del cómic a excepción de esta mención, lo que puede hacernos suponer que se encuentra desaparecido o incluso muerto. Este sería otro punto de unión con la vida de Norman Bates. 

Norman Bates, interpretado por Anthony Perkins en el filme Psycho (ídem, 1960), es un referente a la hora de analizar el conflicto edípico.

Muchos otros de los más icónicos enemigos de Batman han sufrido una infancia tormentosa, habiendo sido víctimas de abusos físicos y psicológicos por parte de sus familiares o personas de su círculo social, ya sea en la escuela o en el puesto de trabajo. Tenemos el caso de Oswald Cobblepot, alias El Pingüino, que sufrió el desprecio de sus progenitores desde el mismo instante en que nació. En nuestra memoria quedará grabada la escena inicial de la película Batman Returns (1992) en la que vemos a sus padres arrojarlo al río en una canasta siendo solo un bebé. Pero también en el cómic, no sin cierta inspiración en el filme de Tim Burton, podemos ver su infeliz infancia en Penguin: Pain and Prejudice (diciembre 2011- abril 2012) de Greg Hurwitz y Simon Kudranski.

El Pingüino, El Joker y El Espantapájaros también sufrieron abusos en su infancia.

Aunque el pasado del Joker se considera uno de los mayores misterios de la mitología de Batman, y así lo prefieren muchos batfans, lo cierto es que en varias ocasiones nos hemos asomado a distintas versiones de su pasado, todas ellas muy variadas y no conectadas entre sí (lo que acrecienta el misterio sobre su verdadero origen). En relación a los abusos sufridos durante su infancia, en la historia publicada en Batman #23.1 (septiembre, 2013) el personaje recuerda cómo su tía Eunice le maltrataba duramente. También el cine se ha visto seducido por el oscurecimiento de la niñez del Príncipe Payaso del Crimen y en la película Joker (2019) se explica que Arthur Fleck, la identidad civil de esta versión del villano, sufrió igualmente abusos cuando era niño.

También Jonathan Crane, conocido como El Espantapájaros, tuvo que lidiar con los macabros experimentos para combatir el miedo a los que le sometía su padre. En el arco "Cycle of violence!" publicado en las páginas de Batman: The Dark Knight #10-15 (junio 2012-enero 2013), de nuevo el guionista Greg Hurwitz y el dibujante David Finch nos relatan cómo ese maltrato recibido en su infancia influyó en su conducta de adulto llegando a secuestrar a una niña para realizar los mismos experimentos que hacía su padre.

El objeto de sus obsesiones

En la mayoría de casos se puede identificar rápidamente a un clásico villano de Batman por una particular obsesión que le distingue respecto a otros. Estas obsesiones pueden llegar a materializarse en objetos físicos utilizados por estos criminales para acabar con Batman o hacerse con el dominio de Gotham. Por citar algunos ejemplos, El Pingüino tiene sus paraguas customizados, cada uno con un maquiavélico propósito. Jervis Tetch no puede vivir sin sus sombreros con los que controla las mentes. Harvey Dent tiene una malsana fijación con el número dos y deja siempre su destino en manos de las dos caras de una moneda lanzada al aire. Y a The Riddler le pirran los acertijos y los rompecabezas. Como se puede observar, estos maníacos vuelcan su obsesión en objetos claramente reconocibles que los hacen muy identificables. Pero a Stanislaus Johns lo que le vuelve loco es el orden de las cosas, que ha heredado de su pasión por los libros y su trabajo como bibliotecario.

Momentáneamente el relato se salpica con pequeñas dosis de humor negro intercalando frases hechas relacionadas con los libros. Humor de bibliotecarios, se podría decir. Esos juegos de palabras resultan extrañamente familiares, ya que son parecidos a los que recita El Joker en su discurso tras atentar contra Barbara Gordon en The Killing Joke (1988) de Alan Moore y Brian Bolland. De hecho, si comparamos dos páginas de ambas historias se pueden apreciar relaciones entre los dos cómics. En ambas se observa a un criminal sonriente que acosa a una mujer inmovilizada (curiosa coincidencia también el parecido entre Barbara y Jenny, ambas bibliotecarias) mientras hacen gala de su creatividad lingüística.

Comparación entre las páginas de Detective Comics #643 (abril, 1992) y The Killing Joke (1988).

El ratón de biblioteca

Si bien el guion está especialmente estructurado para focalizar la atención del lector en la personalidad psicológica del antagonista, la trama de investigación necesita ser conducida por los personajes secundarios, que en este caso son Batman y su ayudante, la bibliotecaria Jenny Holding. Es esta última quien además lleva el mayor peso en la investigación al disponer de unos bastos conocimientos sobre la organización de los libros en la biblioteca según el sistema Dewey, el mismo que utiliza el asesino para clasificar los cadáveres de sus víctimas. Batman utiliza la información que le proporciona Jenny para intentar localizar al asesino y prevenir sus siguientes ataques.

Al mismo tiempo, Jenny lleva a cabo su propia investigación y descubre la verdadera identidad del asesino, quien resulta ser un antiguo compañero de trabajo al que despidió. Y en su impulsiva misión por desenmascararle, este ratón de biblioteca cae finalmente en las garras de su depredador.

El aspecto físico de Jenny Holding cumple sobradamente los estereotipos sobre las bibliotecarias. Resulta, además, muy parecida a Barbara Gordon.

La edición

En mi biblioteca personal tengo la siguiente edición traducida al español y publicada en Batman No.226 por Grupo Editorial Vid. La publicación se presenta encuadernada en formato grapa con las cubiertas en papel couché aportando un toque de brillo a las mismas. Como era habitual en las colecciones de esta editorial, en el interior del cómic se incluyen pequeños pósteres de distintos personajes y sus correspondiente fichas con información para conocerlos. En este número se incluye un póster central de Catwoman y las fichas acompañadas de ilustraciones a página completa de Troia, The Mud Pack y Blockbuster. 


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