‘Batman Returns’: La psicología en sus personajes


En la filmografía de Tim Burton se hace notoria su predilección por los personajes marginados socialmente, los freaks apartados del resto del mundo. En esta ocasión, Burton aportará este enfoque a los tres protagonistas de su segunda película sobre Batman: El Pingüino, Catwoman y el propio Señor de la Noche. Aunque pueda parecer evidente que la historia pretende hablarnos de la lucha de un héroe contra los villanos, será muy difícil establecer la línea que separa el bien del mal en la psicología y motivaciones de estos personajes. En la película nos será imposible reconocer la presencia de un héroe en el sentido usual del término, y la consideración de ciertos personajes como villanos se diluirá al penetrar en las circunstancias que les rodean.

«Me gusta Batman, me gusta Catwoman, me gusta el Pingüino, me gusta su mundo. Es un buen cuadro de personajes. Me gusta su dualidad. Y lo que de verdad me gustaba era que todos eran personajes que estaban jodidos.»
Tim Burton

Los dos a priori villanos, Catwoman y El Pingüino, son al principio individuos rechazados por la sociedad por diferentes motivos, viviendo una existencia con la que se sienten insatisfechos, con la que no son capaces de encontrar su sitio. Pero, mientras que El Pingüino decide trazar un plan para integrarse en la sociedad y ascender a un nivel superior, a costa de lo que sea, Selina Kyle toma la opción de desgajarse del resto del mundo, de descender a lo más profundo de su ser para dar rienda suelta a sus más ocultos instintos.

El Pingüino: «No soy un hombre, soy un animal.»

Los retorcidos y perversos métodos de El Pingüino pueden no corresponderse con la manera en que es percibido por el espectador, inspirando sentimientos de lástima hacia un grotesco individuo que ve impotente y furioso cómo sus objetivos se desmoronan por la acción de una sociedad cuyas normas creía poder conocer y manipular en función de sus deseos.

Oswald Cobblepot acepta su lado animal, que se ve reflejado en sus mascotas, su vehículo y en su grotesco aspecto.

Sus motivaciones pueden aparecer como legítimas ante quien presencie la aberrante forma en que desde el mismo principio de su existencia se le niega cualquier oportunidad de futuro por parte de sus propios padres. Todo su desarrollo personal se ve truncado por la falta de quienes debieran haber sido sus figuras de referencia, sustituidos por un siniestro entorno circense que en nada ayudará a mitigar los comprensibles y profundos traumas de los que puede ser fuente esta situación. La tan humana necesidad de reconciliarse con su legado familiar puede suscitar empatía en el espectador, que quizá no pueda evitar sentirse identificado con él a la hora de reclamar las oportunidades que tan cruelmente le fueron arrebatadas.

Al final, todo se le escapa de las manos y decide furioso destruir aquello a lo que tanto ansiaba pertenecer y liderar. A pesar de lo diabólico de sus métodos, este proceso puede recordarnos a nosotros mismos y a lo que el ser humano puede ser capaz de hacer dominado por una ambición que acaba llevándole a la perdición. La renuncia de El Pingüino a la condición humana que en principio tanto reclamaba supone la metáfora sobre quien se aventura decidido a cambiar algo que al final observa desilusionado cómo permanece inmutable por la acción de ciertas constantes universales no escritas.

Max Shreck: «Eciérrenme si devuelvo lo que he ganado.»

El Pingüino encontrará apoyo en Max Shreck, el otro villano de la función con quien unirá fuerzas en su intención de ascender a lo más alto del escalafón del poder en la ciudad. Empleando para ello cualquier medio a su disposición, sin detenerse ante nada. Shreck es el único personaje que puede ser considerado como un auténtico villano por el hecho de provocar solamente aversión y rechazo en el espectador. Se trata de un hombre en la cima del poder que no duda en aprovecharse de todos para lograr sus objetivos, sufriendo al final el destino clásico del villano, víctima de sus propios abusos representados por la figura de Catwoman.

«[Max Shreck] es casi tan obcecado como supongo que lo soy yo. Es muy tenaz, como yo.»
Christopher Walken

El paralelismo vampírico se identifica incluso en su propio nombre, homenaje al actor Max Schreck que interpretó al vampiro protagonista de Nosferatu (1922).

Pero incluso el más conscientemente perverso de los individuos puede mostrar destellos de legitimidad ante el público, que en Schreck pueden tomar forma en su disposición para sacrificar su propia vida por la de su hijo Chip. Este irrefrenable afán tan humano por asegurar su propio legado está detrás de sus turbias maquinaciones relacionadas con una siniestra instalación eléctrica que pretende absorber la energía de la ciudad, lo cual, metafóricamente, convierte a Shreck en el perverso vampiro que su vestimenta parece sugerir, dispuesto a chupar la sangre a Gotham sin escrúpulo alguno.

«Max Shreck era como el catalizador de todos los personajes, y eso me gustaba. Era el único que no llevaba máscara, pero, en cierto modo, sí llevaba una.»
Tim Burton

Catwoman: «Yo no puedo vivir conmigo misma.»

El caso de Catwoman es bien diferente. Su frustración y angustia existencial por intentar llevar una vida digna que le es negada le lleva a decidir su completa separación del resto del mundo. Todas las inhibiciones y limitaciones que en ella ha establecido la sociedad saltan por los aires para dar paso a un nuevo ser que no dudará en liberar sus más profundos instintos. Selina Kyle no era más que una prisión que escondía la explosión de libertad que supone ser Catwoman.

«Rompió todos los estereotipos de lo que significa ser una mujer. Lo hallé impresionante, luminoso y prohibido. También ocurrió probablemente en una edad en la que yo estaba alcanzando mi propia sexualidad, y simplemente encontré a Catwoman excitante de ver.»
Michelle Pfeiffer

Selina Kyle abandona su fachada ingenua e inocente y se transforma en una dominatrix con disfraz de gato.

Este nuevo estatus de poder tan disruptivo con su anterior estado de opresión va a desbordar la estabilidad emocional de Selina hasta límites insostenibles, lo que encuentra una brillante representación metafórica en las enrevesadas costuras de su traje, que Burton concibió como reflejo de un caótico estado emocional. Todo llega al paroxismo en el momento en el que, a la pregunta de Bruce Wayne «¿pero quién se ha creído que es?», Selina solo puede responder con un «Yo ya no lo sé.» dirigido a quien probablemente perciba como el único ser que pueda llegar a comprenderla y establecer así una mutua conexión al más profundo nivel.

«Me gustó el hecho de que a mucha gente le costara decidir si Catwoman era mala o no. Nunca fue mala. Cuando lo fue en la serie de TV, no lo era realmente.»
Tim Burton

Así pues, Catwoman encontrará en Batman su alma gemela. Ambos personajes trascienden su condición humana para dar lugar a algo primario, instintivo, menos que humano; y a la vez poderoso, sobrecogedor, más que humano. Sus aspiraciones de pertenencia a la sociedad les han sido arrebatadas por las circunstancias que les han rodeado, propiciando la salida a la luz de nuevas personalidades que culminan sus esfuerzos por apartarse de un mundo que les resulta hostil. Sus identidades civiles son ya meros cascarones débiles y temerosos que albergan en su interior auténticas fuerzas de la naturaleza que representan un intento de trascender y superar las anteriores limitaciones.

Batman se sentirá bloqueado e indefenso en más de una ocasión por su atracción por Catwoman.


Batman: «Dos caras, dos verdades.»

Este Señor de la Noche actúa movido por la tragedia y la obsesión hacia el único destino que le es posible: cazar criminales como los que mataron a sus padres, en un vano intento por mitigar la culpabilidad que le corroe y le hace salir a las sombras cada noche en una extenuante lucha sin fin. En su primera aparición en la película, le vemos esperar meditabundo y torturado hasta que la señal del murciélago le ilumina y se alza resuelto y decidido hacia ella para retomar una vez más su misión, que vemos cómo constituye lo único que le hace sentir vivo. Su cruzada se configura como una necesidad vital, algo nacido de la anulación del resto de su ser que le resulta doloroso e incómodo, algo muy alejado del habitual ideal heroico.

Bruce Wayne despierta de su solemne letargo con la cegadora llamada de la batseñal. 

«Cuando estás dentro del traje te sientes y actúas diferente. Te notas muy aislado, lo cual es estupendo. [...] utilicé ese aislamiento para ayudarme a crear el personaje, que se siente desgajado de los demás.»
Michael Keaton

Al final de la historia, Batman intenta hacer comprender a su alma gemela que ambos son iguales, que representan las mismas cosas. En ambos se esconden «dos caras, dos verdades»; son seres dolorosamente escindidos en dos mitades irreconciliables. Pero un desenlace feliz era imposible en este circo de monstruos ambientado en una ciudad de pesadilla, y los dos se verán al final condenados a la oscura soledad en que sus traumas y conflictos internos les han sumido.
 

Fuentes consultadas
Tim Burton por Tim Burton, edición ampliada y revisada (Autor: Mark Salisbury, Editorial: Alba Editorial, 2006).
Batman vuelve. El libro oficial de la película (Autor: Michael Singer, Editorial: Ediciones Zinco, 1992)

Comentarios

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias, Manuel.

      Me alegra que hayas disfrutado con el artículo. Te invito a visitar el blog cuando quieras para leer los próximos que se publicarán.

      Saludos ;)

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